«Yo no escribo para agradar ni tampoco para desagradar. Escribo para desasosegar» (José Saramago, 1922-2010).

Reciente como teníamos la muerte de Miguel Delibes, hoy nos conmueve la noticia del fallecimiento de otro de los grandes narradores ibéricos del siglo XX: el portugués José Saramago.

Como su compatriota Fernando Pessoa, hizo del desasosiego el motivo principal de su literatura. Su pesimismo no era derrotismo. Al contrario: consideraba que «los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay».

Hoy nos produce desasosiego la falta de José Saramago. Nos hubiera gustado contar siempre con la lucidez de sus reflexiones, con su acerado sentido crítico. Descanse en paz.